Café, cine y ciudad.

Ciro Alonso Páez Álvarez

Resumen


Bogotá está situada en una especie de frontera imaginaria, entre los cafés y el café, sin que se pueda decir exactamente a cuál de los dos mundos pertenece. Durante mucho tiempo fue una ciudad que spiraba a encarnar la mencionada idea de Europa. Acá se prolongaban los movimientos artísticos y literarios europeos, y aunque mucho era imitación, no poco era nativo o estaba genuinamente arraigado. Nos interesábamos por la filosofía, la política, la ciencia y el pensamiento económico. No sin algo de mérito se hablaba de Bogotá como la Atenas suramericana. Los cafés y las tertulias poéticas hicieron célebre a la Bogotá del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Sin embargo, de los cafés de antes actualmente queda poco, a pesar de que curiosamente se asiste a una ola de apertura de sitios agradables, en los que se puede tomar un buen café. Pero son más bonitos, que sinceros. Los sitios como el Saint Maurice o el Café Pasaje, que ofrecían un café aceptable a precio modesto, y a los que se iba realmente a conversar, a resguardarse o a leer el periódico, han ido desapareciendo. Las personas que atendían en este tipo de lugares no eran particularmente amables, pero aunque no dijeran palabra, uno sabía que podían entender a los clientes, y estaban hechas de su mismo barro humano.


Palabras clave


Café; cine; ciudad; Bogotá

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DOI: http://dx.doi.org/10.26564/16926250.219

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Revista Grafía - Facultad de Ciencias Humanas - Fundación Universidad Autónoma de Colombia

DOI: https://doi.org/10.26564/issn.1692-6250